Ayer, apurado por volver a mi casa para tomar un café con leche y practicar esa embrujada canción que a veces me sale tan bien y otras veces tan desapercibida, me crucé con un calco mío pero con treinta años más. Yo salía de la boca del subte y él entraba. Yo tenía la impresión de saberlo todo, él recién comenzaba su día. Quizá él está ahora describiendo la misma situación en su cuaderno de tapa dura y hojas amarillas. “Ayer me crucé con un calco mío pero con treinta años menos.”
martes, 29 de marzo de 2011
Historia 2: Espejo anacrónico
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Historia 1: Poesía sobre ruedas
Hacía quince minutos que estaba sentado en el 110 pensando en lo misterioso que me resulta la anatomía de las aguavivas cuando un señor entrado en años, de escasa estatura, traje de pana y bigotes refinados se sentó a mi lado, sacó un pequeño papelito del bolsillo de su saco y me leyó el siguiente poema:
De kilómetro en kilómetro
De año en año
Viejos de frente estrecha
Señalan a los niños el camino
Con ademán de cemento armado
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