miércoles, 17 de octubre de 2012

Historia 25: Singing in the Rain.

El último martes, el colectivo que me tomo todos los martes siguió de largo y no frenó en la parada como suele hacerlo.  Además llovía demasiado y me mojé hasta los calzones.  Entré al kiosco más cercano para secarme y pedirme un café caliente.  En el mostrador había un volante de una bruja que descubría vidas pasadas.  Vazyra era su nombre.  La llamé y fui. Me dijo que antaño había sido un bailarín  o tal vez Carlo Magno.  Le di un abrazo y me regaló un sahumerio.  Ya la lluvia había aminorado así que caminé hacia el norte pisando charcos.  En el más hondo frené y me quedé mirando mi rostro reflejado en el agua.  Era mucho más ovalado de lo que recordaba.  Bailé como Gene Kelly pero sin paraguas y con mucho menos gracia. Una chica hacía lo mismo que yo pero a pocos metros.  Me acerqué y bailamos juntos como si hubiéramos ensayado.  Se tropezó sobre mí. En realidad fui yo el que se paró frente a ella justo en el momento en el que daba un salto casi ornamental.  Se cayó y cuando la quise atajar nos caímos juntos al agua.  Tenía aliento a chicle de sandía.  La besé.  Me acarició la mejilla.  Nos fuimos a vivir juntos a un PH restaurado.  Me cortó las uñas y le hice té de hierbas.  Hoy es martes otra vez  y el cielo cruje nuevamente.  Quizá me quede en casa.  Los colectivos no son de fiar cuando llueve tanto.

1 comentario:

  1. ay, si me sucedieran historias así
    a menudo..


    ufa.

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